Las
personas, a veces nos encontramos al borde de un precipicio. Sabemos que si
damos un paso más vamos a caer al vacío y el golpe será terrible. Y sin
embargo muchas veces queremos, necesitamos, dar ese paso.
Buscamos
ayuda en los demás, porque necesitamos esa aprobación o ese empujoncito que
nosotros mismos no podemos darnos.
Sabemos que
los que nos quieren bien nos van a decir que no saltemos, entonces buscamos
seducirlos, y demostrarles que lo que vamos a hacer en el fondo es lo mejor
para uno.
Después de
todo, la decisión ya está tomada. Vamos a saltar cueste lo que cueste y después
pagaremos las consecuencias.
Un amigo
hizo una analogía que simplemente me pareció perfecta:
Es como si
al pasar por una zapatería cayéramos enamorados de un par de zapatos. Unos
zapatos que parecieran brillar opacando al resto de los zapatos. Nos llaman, nos dicen “comprame”. Entonces sin dudarlo, entraríamos a la
zapatería decididos a comprarlos, pero solo quedan de un talle menor al
nuestro.
Los
probamos y notamos que nos quedan apretados, pero pensamos “ya me voy a
acostumbrar. Quizás, después se estiren y se adapten a mi pie”.
Entonces a
pesar de saber que esos zapatos nunca van a ser cómodos, y que no vamos a
llegar muy lejos con ellos sin dolor y sufrimiento, los compramos.
Esos
zapatos no son para nuestro pie, pero los forzamos para que sí lo sean.
Finalmente,
luego de mucho dolor, los guardamos en el fondo del placard.
¿Por qué
elegimos usar zapatos que nos aprietan?
¿Qué tienen
de encantador que optamos por usarlos a pesar del dolor que nos causan?
Y lo que
más me intriga, ¿Por qué buscamos excusas y pretextos para convencernos y
convencer al resto del mundo que estamos haciendo bien?
Hay quienes piensan que el golpe o el dolor actúan como una terapia de shock. Me rompo la cabeza contra la pared para poder parar y volver a arrancar.
No soy partidaria de esta idea. Más bien soy de las que creen que hay que tener paciencia y que el tiempo cura todo.
Hay quienes piensan que el golpe o el dolor actúan como una terapia de shock. Me rompo la cabeza contra la pared para poder parar y volver a arrancar.
No soy partidaria de esta idea. Más bien soy de las que creen que hay que tener paciencia y que el tiempo cura todo.
Seguramente
en algún momento me encuentre en una situación en la que esté al borde de perder la cordura.
Espero que
entonces haya una mano amiga que me corra de la vidriera. Hasta que un día,
simplemente encuentre el par de zapatos a mi medida.

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