lunes, 17 de octubre de 2011

Día de la madre


Cada madre se fue con sus regalos, yo me fui con una gripe radioactiva que me hundió aún más en mi angustia y mal humor y por supuesto, terminé llorando.
El día de la madre arrancó bien. Me había encargado de la compra del regalo para mamá y fui contenta a pasar un domingo familiar, ver a mis sobrinas y comer cosas ricas y caseras.
En mi familia los “chistes” acerca del estado civil de cada uno son moneda corriente:
“Vos siempre estás de novia, el tema es saber con quien”
“Vos sos linda, pero debés ser insoportable”
“Cuando nos aprendemos el nombre de tus novios ya desaparecieron”
Estos son solo alguno de los “chistecitos” divertidos que recibí en un cumpleaños familiar a raíz de mi reciente soltería, que por supuesto, me sacaron todas ganas de comer.
Pero este domingo, no me preguntaron por mi estado civil, no. Fueron más allá.
Durante toda la jornada recibí al menos 6 “¡Feliz día!”.
¡Pero que chiste tan ingenioso, sutil y apropiado!
Estaba dispuesta a untarle el matambre en la cara al séptimo que viniera a decirme “Feliz día”, pero en vez de eso, vino algo muchísimo más divertido:
“¡Mirá! La única que no es madre es Camila (sobrina de 6 años), Valentina (5 años) y vos (almost 27 años).”
Esta vez sumamos el machismo, porque claro, de todos los grandulones solteros nadie dice nada.
La verdad es que todos estos comentarios me hubieran sido indiferentes sino fuera porque en el fondo, es un tema que en mi cabeza empieza a sonar.
La maternidad, más bien es un punto de una cuestión más profunda: el ¿hacía dónde voy?
De chica siempre me imaginé a esta edad casada y con hijos, y por supuesto bien posicionada profesionalmente.
Si bien era una visión muy infantil y poco probable, a un mes de cumplir 27 años creo que estoy entrando inconscientemente en una carrera en la que nunca me imaginé; la carrera social contra el tiempo. Hoy estoy más cerca de ser una Carrie del subdesarrollo, con muchos zapatos pero $0 en mi cuenta bancaria, que de aquella “Yo” que solía imaginar.
Lo que me pregunto es ¿por qué nos quieren ver en pareja cuando estamos solteros y solteros cuando estamos en pareja?
¿Por qué tenemos que cargar con la presión ajena? Como si la presión propia no fuera suficiente.
¿Y si nunca me caso y tengo hijos estoy predestinada de por vida a soportar los chistes y comentarios de los demás?
Todavía cuando veo una pareja paseando con chicos un domingo por la tarde, no se si la imagen me da ternura o fobia.
En algún punto se que hay vida más allá de "la familia tipo" y que el éxito o fracaso personal no puede estar directamente relacionado a un marido y unos críos.
Por el momento hoy me puedo parar con orgullo y decir "soy sola y me la banco". Y al que no le guste que mire su propio ombligo.





miércoles, 5 de octubre de 2011

Zapatos que aprietan


Las personas, a veces nos encontramos al borde de un precipicio. Sabemos que si damos un paso más vamos a caer al vacío y el golpe será terrible. Y sin embargo muchas veces queremos, necesitamos, dar ese paso.
Buscamos ayuda en los demás, porque necesitamos esa aprobación o ese empujoncito que nosotros mismos no podemos darnos.
Sabemos que los que nos quieren bien nos van a decir que no saltemos, entonces buscamos seducirlos, y demostrarles que lo que vamos a hacer en el fondo es lo mejor para uno.
Después de todo, la decisión ya está tomada. Vamos a saltar cueste lo que cueste y después pagaremos las consecuencias.
Un amigo hizo una analogía que simplemente me pareció perfecta:
Es como si al pasar por una zapatería cayéramos enamorados de un par de zapatos. Unos zapatos que parecieran brillar opacando al resto de los zapatos. Nos llaman, nos dicen “comprame”. Entonces sin dudarlo, entraríamos a la zapatería decididos a comprarlos, pero solo quedan de un talle menor al nuestro.
Los probamos y notamos que nos quedan apretados, pero pensamos “ya me voy a acostumbrar. Quizás, después se estiren y se adapten a mi pie”.
Entonces a pesar de saber que esos zapatos nunca van a ser cómodos, y que no vamos a llegar muy lejos con ellos sin dolor y sufrimiento, los compramos.
Esos zapatos no son para nuestro pie, pero los forzamos para que sí lo sean.
Finalmente, luego de mucho dolor, los guardamos en el fondo del placard.
¿Por qué elegimos usar zapatos que nos aprietan?
¿Qué tienen de encantador que optamos por usarlos a pesar del dolor que nos causan?
Y lo que más me intriga, ¿Por qué buscamos excusas y pretextos para convencernos y convencer al resto del mundo que estamos haciendo bien?
Hay quienes piensan que el golpe o el dolor actúan como una terapia de shock. Me rompo la cabeza contra la pared para poder parar y volver a arrancar.
No soy partidaria de esta idea. Más bien soy de las que creen que hay que tener paciencia y que el tiempo cura todo.
Seguramente en algún momento me encuentre en una situación en la que esté al borde de perder la cordura.
Espero que entonces haya una mano amiga que me corra de la vidriera. Hasta que un día, simplemente encuentre el par de zapatos a mi medida.

martes, 4 de octubre de 2011

Somos Crack



Bueno, fuimos y vinimos.
Seguramente los tres en algún momento nos planteamos distintas cosas como “¿Qué me pasa?”, “¿Qué pasó? ¿En qué fallé? ¿Seré yo?
Después de algunas relaciones  fallidas, seguramente por un instante nos imaginamos nuestro futuro lejano siendo viejos un poco locos que viven con 200 gatos y caminan por la calle con ropa de fiesta muy vieja , con mucho maquillaje, o mucho perfume barato.
Al menos esa es mi imagen.  La imagen de @Zandiss es ella en la cama viendo “Sex and The City” por el canal Cosmo, comiendo una pizza vieja y recalentada, fumando 3 atados de puchos por día y abrazada a una botella de vodka.
La imagen de Ale, en cambio, es él como un viejo canoso y coleccionista de sombreros (¿) que suele sentarse en un deck a mirar el mar en traje de baño, mientras llama una vez más al SAME para que vayan a buscar a la vieja loca que camina por Barrio Norte con un vestido verde y muy maquillada…
Evidentemente la visión de un hombre es menos patética que la nuestra.
 Pero en el fondo, estoy segura que como yo, piensan que todo lo que pasó y las decisiones que tomamos fueron para bien. Optamos por seguir siendo “nosotros” y no perdernos en el otro.
-         - ¡Somos Crack Ale! Nosotros somos crack y estamos de vuelta.
Estamos como en el verano de hace dos años, cuando nos juntábamos a tomar cerveza en “Como te extraño Clara”.
Estamos como queremos estar.
Qué bueno es saber que “el bar” sigue en el mismo lugar.
Que haya muchas noches de verano con jarras de cerveza, charlas y cine del malo.

Para Conchita y Chuletas.