miércoles, 9 de noviembre de 2011

Para los sentidos: "El Hombre Vertiente"


Ya no es una novedad que los espectáculos de la gente de De La Guarda son inolvidables. Uno se va con la cabeza repleta de imágenes, sensaciones, sonidos y sentimientos. El fin del show es lo más parecido a despertarte de un sueño, de esos bien fantasiosos y muy vividos.
Desde que con mis amigas compramos las entradas para ver "El Hombre Vertiente"sentimos la ansiedad de ver de que se trataba.
Unas horas antes de llegar a la Sala Villa Villa, en el Centro Cultural Recoleta la alegría ya se siente, porque se sabe que se está yendo a una verdadera fiesta. Minutos antes de que el show comience, la adrenalina invade toda la sala que está prácticamente a oscuras. No se sabe para donde mirar, por donde van a salir los actores. Todo es posible y no hay una división actor/espectador. Todo es uno y todos somos participes.
Sin revelar demasiados detalles, "El Hombre Vertiente" no solo es una experiencia sensorial que uno no debería perderse. Es una historia, un mensaje acerca de una problemática actual.
En lo personal, me sentí como una niña en "El País de las Maravillas". 
Bailes bajo la lluvia, criaturas salvajes, desiertos y selvas de flores gigantes. Un mundo onírico y lúdico donde lo imposible es real.
¡No dejen de verlo! Yo ya estoy pensando en volver por más.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Cuando tomar mate es una actividad de alto riesgo


Dulce, amargo, con cáscaras de naranja, con yerba saborizada, en mate de calabaza, de plata y hasta de vidrio o plástico.

La mayoría de los argentinos disfrutamos del mate solos o acompañados y sabemos que no se trata de una bebida sino más bien de una ceremonia.
Mucho se debe haber escrito acerca del mate y del poder que tiene para reunirnos, para hacernos hablar, pensar o simplemente disfrutar de algún paisaje.
Este domingo, como seguramente lo hacía la mitad del país, estaba tomando mate con una amiga mientras delineábamos nuestra hoja de ruta para las vacaciones. Al parecer, será el norte argentino y ya nos estábamos imaginando tomando mate al atardecer en algún pueblito alejado de Jujuy cuando me propuse cambiar el agua del termo.
Como ambas somo una mezcla perfecta de hippie-porteña no usé una pava cualquiera, como la que usaba mi abuela que tenía más golpes que una pelota de fútbol. En cambio, puse a calentar el agua en una de esas pavas hervidoras que se pusieron de moda en los últimos tiempos y que muchos adoptamos por las dudas de que no tengamos 8 minutos disponibles para calentar el agua en la hornalla.
En fin, al querer pasar el agua al termo, la tapa de la pava se abrió lo suficiente para que toda el agua hervida cayera sobre mi mano izquierda quemándola integrammente.
El resultado: una mano inmovilizada por un guante de box de gasa esterilizada que no me permite trabajar, salir a correr y ni siquiera cortar mi propia comida.
Obligada a estar en calma, al menos unos días.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Run for your life



Hace ya un tiempo con 3 amigas decidimos que era hora de hacer algo con nuestros cuerpos.
Al principio nuestra idea era armar un equipo de fútbol femenino pero como nos era casi imposible coordinar días y horarios decidimos arrancar a correr los sábados en Parque Saavedra. Los primeros sábados era más el mate que tomábamos tiradas en el pasto que lo que corríamos y la mitad de la semana prácticamente ni podíamos caminar del dolor.
Un par de semanas después, la mejora ya era notable y para entonces ya le habíamos tomado el gustito de juntarnos las 4 todos los sábados a la mañana, de almorzar juntas y ponernos al tanto de nuestras novedades, y las novedades ajenas también, de tirarnos al pasto a tomar sol y aprovechar el día.
Y lo que inicialmente comenzó como un esfuerzo para no oxidarnos se fue transformando en un desafío.
El desafío llegó cuando nos inscribimos en nuestra primera maratón, ya que casi sin darnos cuenta, estábamos corriendo hacia nuestra meta y cuando lo hacíamos no nos preocupaban otras cosas. Nos sentíamos bien. Nuestro tema de conversación principal pasó a ser “nosotras”.
“Seguir hacia adelante cuando siento que no tengo más fuerzas. Intentar llegar un poco más lejos cada día.”
Eso es para mí es correr.
Me gusta tomar esta metáfora para la vida en general. Después de todo es un poco así: pasar cada barrera que se nos pone en el medio y seguir para adelante, aunque por momentos sintamos que no podemos más, en el fondo siempre nos queda un poco más de nafta.
Siempre va a haber subidas y bajadas, momentos donde queremos parar y momentos donde creemos que somos invencibles. La clave está siempre en nuestra cabeza y en no dejarse vencer por uno mismo. Saber administrar esos momentos, guardar energías cuando estamos en subida para que cuando estemos en bajada no caigamos.
Como dijo una amiga, “terraza, terraza, nunca sótano”.