Hace un par
de semanas que vengo sintiéndome ansiosa. Durante el día los síntomas casi no
se notan. Sin embargo, al acostarme, antes de dormir repaso cada ámbito de me
vida. Cada pendiente, cada actividad o situación que se me pueda estar “escapando”.
Reviso:
-
Trabajo:
ok
-
¿Pagué
las cuentas de la casa? Ok.
-
¿Mi
familia está en orden? Se podría decir que sí.
-
¿Amistades?
Ok.
-
¿Cerré
la llave del gas? Ok.
Todo parece
estar en su correcto orden y lugar. Todo parece estar en paz.
Sin embargo,
sigo con esta ansiedad que no me permite leer un libro, mirar una película,
estar en silencio sin que mi cabeza vaya a mil revoluciones.
Hace años
que sueño con aviones. Aviones de todo tipo. Aviones que explotan por el aire,
que sufren aterrizajes forzosos. A veces estoy arriba y otras veces soy
espectadora.
Ya perdí la
cuenta de las veces que tuve esta clase de sueños. Inclusive volando, soñé que
me estrellaba.
Muchas veces
me pregunté cual sería el motivo de este sueño tan recurrente y que además es
causante de mi miedo cada vez más grande a volar.
Con Rosa lo
venimos hablando hace un tiempo y hasta el momento sólo habíamos llegado a la
conclusión que en mi cabeza, en mi mundo, cuando uno llega a lo alto
inevitablemente cae al vacío.
Creo que
este tiempo con Rosa realmente me sirvió porque la noche pasada comprendí mi
ansiedad y también comprendí mis sueños con aviones.
En tiempos
de paz, hay algo en mí que no puede creer que realmente todo este en calma. Mi cabeza
busca, rastrea, verifica que todo realmente este bien, que no haya una falla
que provoque luego un estallido. Como un piloto que al momento del despegue
tiene que revisar desde su cabina de mando que todo el avión este funcionando
correctamente. Que no haya desperfectos.
Así como
cuando salgo de casa reviso miles de veces si no dejé nada enchufado, si cerré
con las dos llaves la puerta, si cerré las ventanas, etc. Mi inconciente busca la falla.
Con este
nivel absoluto de control no se puede vivir, esta claro. Es por eso que a veces
se me hace insostenible la vida.
¿Por qué le
temo tanto a la falla? ¿Qué temo que estalle? ¿Por qué no puedo disfrutar de la
paz? ¿Por qué me cuesta tanto “volar”?

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