1) Bello
2) Inteligente
3) Interesante
4) Espontáneo
5) Seguro
6) Sin dificultad para la comunicación interpersonal (en lo posible, a la antigua, nada de sms, Facebook, chat, etc)
7) Apasionado
8) Familiero
9) Con cierta sensibilidad hacia el arte
10) Por ende: sensible
Como dos quinceañeras, pero con jarra de cerveza de litro de por medio, empezamos el sábado a la noche, con mi amiga a enumerar las cualidades (más bien requisitos) que nuestro “próximo” hombre “tiene” que tener para calificar.
Sabíamos que nos estábamos metiendo en un terreno absurdo pero nos permitimos jugar, total…”¿quién se va a enterar?”
Al otro día, después de sentirnos dos imbéciles, nos dimos cuenta que en realidad este listado (además de ser una horrible y superficial forma de considerar al amor) no era simplemente una lista de cualidades. Más bien es una especie de filtro. Una lista que nos obliga a considerar o recordar todo lo que no queremos gracias a nuestras ex – periencias.
De todas formas el punto no es si es “bello” o no,(no encontramos una palabra mejor pero tampoco peor) el punto es que sea lo que no fueron los anteriores.
Claro, ninguna de las dos jamás salió con un Antonio Birabent. Y voy a usarlo a él de ejemplo simplemente porque veníamos de verlo tocar en el Ateneo, y ¿cómo resistirse a un hombre así?
Después de varios intentos fallidos de ambas, nos encontramos diciendo “STOP”, “BASTA”. De ahora en más algo tiene que cambiar.
Lejos de querer comparar al amor con una entrevista laboral, la idea es saber qué queremos, o más que no queremos.
Creo que es positivo poder parar, pensar y acomodarse: “yo soy esta, y se lo que quiero”. Aprender a estar solas para que cuando llegue alguien especial nos encuentre muy bien paradas.
Después de todo…”Mejor sola que mal acompañada”
No voy a poder parar de reírme cuando me enamore de alguien totalmente opuesto al que acabo de describir.

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